Matamala

La vida de una patata no es nada fácil. Crece sólida, única, como una entidad. Y luego las cortamos, las separamos en piezas, las dividimos en muchos trocitos, y las metemos en una freidora. Y lo que estamos haciendo, sin darnos cuenta, es freír tantos huérfanos, tantos hermanos sin sus hermanas siempre buscando una manera sentirse entero de nuevo. Somos unos brutos por un sabor tan bueno. No nos importan los sentimientos de los demás.

Pero luego algo bonito pasa. Las metemos en un plato. Y en ese momento, cubierta con la salsa gloriosa, las piezas de la patata se encuentran otra vez. Tienen una identidad, no como trocitos de patata, en plural, sin personalidad ni individualidad, sino como un plato, una tapa, una vida sola y única. Casi en su último momento de existir en este mundo, se siente entero por la primera vez después de la infancia. Así es ser una patata. Así es estar vivo.

Pero en Matamala, no hacen las mejores patatas bravas de Barcelona, te dan sólo 4 o 5 piezas de patata por un precio de gormet de 3.50€. Es una lástima, porque la patata sigue sin todos sus hermanos, y tu hambre siempre te pide más. Dicho esto, la salsa no está nada mal. Patatas: 3 (menos uno por la cantidad), salsa 4.

Rambla de Catalunya 10